Vino tinto La Llave Roja 2019 de Carlos Plaza

Tiene un intenso color cereza picota con ribetes violáceos. Limpio y brillante. Nariz expresiva y aromática, aromas a frutas rojas, violetas y golosinas. Agradables notas a hierba fresca, regaliz y menta. Postgusto fresco. Suave, poco acido, nada astringente.

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Descripción

LA LLAVE ROJA 2019
Región: I.G.P. Vino de la Tierra de Extremadura.
Variedades: Tempranillo 90% / Syrah 10%.
Grado Alcohólico: 13.5%

Nota de cata:
Tiene un intenso color cereza picota con ribetes violáceos. Limpio y brillante. Nariz expresiva y aromática, aromas a frutas rojas, violetas y golosinas. Agradables notas a hierba fresca, regaliz y menta. Postgusto fresco. Suave, poco acido, nada astringente.

Recomendación gastronómica:

Con tapas ligeras o solo. Tapas o antipasto, embutidos, carnes frías, quesos suaves y patés. Con pasta y pizza. Con verduras.
Temperatura recomendada de servicio: 12º-14º.

• 90 puntos. James Suckling.
• 90 puntos. Guía Peñín.
• Medalla de oro. Gilbert y Gaillard.
• Medalla de oro. International Wine Awards.
• Medalla de plata. Catavinum
• Medalla de plata. International Wine Challenge.

Recuerdo que de niño, durante los largos y cálidos veranos extremeños, solía levantarme muy temprano por la mañana.
Mi primer vistazo se dirigía siempre al llavero donde colgaba la llave de la bodega.
Si LA LLAVE ROJA no estaba en su sitio, yo ya sabía qué significaba: mi padre ya estaba en la bodega.
Después de un rápido desayuno y ante las quejas de mi madre, cogía mi bicicleta
y en unos minutos me encontraba jugando y correteando por la bodega.
La Llave Roja representa por tanto para mí los primeros recuerdos de la bodega durante los veranos de mi infancia.
Carlos Plaza Uñac
* Dependiendo de la disponibilidad, las añadas pueden cambiar a lo largo del año.

Información adicional

Unidades

12 Botellas, 6 Botellas

Cuando la bodega se convierte en un inmenso campo de juegos, en un paraíso de posibilidades y escondites, cuando la magia del tornillo sin fin transforma el racimo, miles de racimos, en un líquido que embelesa hasta perder la noción del tiempo… entonces, es más que probable que un niño incline con frecuencia sus deseos de jugar en la bodega en lugar de pasar las tardes en el parque con los amigos.

En este escenario de juegos, Carlitos corretea incansable detrás de los tractores cargados de uva, el gran tesoro. Se detiene a observar como se descarga la uva, investiga metiendo las naricillas en los depósitos y va impregnando poco a poco sus historias imaginadas de olores y colores que antes desconocía. Pregunta, escucha, y va descubriendo los pormenores de la vendimia y la elaboración del vino. Ante su insistencia, se le empiezan a asignar pequeñas tareas que le mantengan entretenido. Con el tiempo, sorprende a todos por su enorme interés en todos los procesos y tareas que observa.
Para tranquilidad de su madre, Agosto y Septiembre, los meses de la vendimia en Extremadura, Carlitos no tiene que ir al colegio. De nuevo, entre ir a la playa con el resto de la familia y permanecer en el pueblo, ayudando a “supervisar” las tareas de la vendimia, Carlitos vuelve a elegir quedarse en la bodega. Su madre tiene que ceder, nada convencerá a Carlitos de lo contrario. Viajar a las viñas con su padre, observando la uva, tocándola y probándola hasta decidir cuándo está en su punto exacto de maduración, y por lo tanto de recogida, se convierte para él en algo más que divertido. Vivir día y noche el espectáculo de la recogida de la uva, el trasiego de los camiones llegando a la bodega, la uva cayendo en la tolva, los sonidos del mágico proceso de la fermentación son su entretenimiento favorito.
Lo que de niño era un juego, con el tiempo se transforma en una profesión, en una forma de vida. Carlos trabaja duro desde muy joven; se forma y pasa por todos los niveles y tareas que la bodega ofrece.

Durante años, aprende lo más importante, que el mundo del vino no es un mundo fácil, que requiere esfuerzo diario y dedicación exclusiva, pero que merecen la pena las horas de sueño entregadas a la ilusión de obtener el mejor vino posible.
Carlitos es hoy Carlos Plaza, y se aúnan en él la pasión e ilusión de cuando era un niño, con la experiencia que le han dado los años.
Hoy en día, se ha cumplido su sueño y objetivo en la vida por el que tanto ha trabajado: elaborar y embotellar sus propios vinos, vinos que los demás disfruten bebiendo tanto como él disfruta elaborándolos.

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